Judith Bañárez nunca pensó que sería profesora. Estudió contaduría, trabajó años en auditoría y, en algún momento, asomada a la ventana de un despacho, vio a unos niños en la calle y se dio cuenta de que estaba en el lugar equivocado.
Hoy tiene más de 30 años impartiendo clases, más de 12 en el Tecnológico de Monterrey, donde actualmente es profesora de inglés en PrepaTec Santa Fe.
Bañárez fue reconocida en el Círculo de Profesores Destacados, programa que distingue al 5 por ciento de los más de 2 mil docentes de tiempo completo de las preparatorias de la institución.
El reconocimiento se distingue por no requerir postulación directa. La selección se realiza a partir del análisis del currículo de cada docente, sus evaluaciones por parte de los estudiantes y sus aportaciones académicas.
Lleva la docencia en la sangre
Su historia en la docencia empezó antes de que ella supiera que se iba a dedicar a ello. Su madre fue profesora de primaria, directora de escuela y también dio clases en el Museo de Antropología y el Franz Mayer en la Ciudad de México.
"Desde pequeña iba a sus salones y me quedaba observando. Ahora me doy cuenta de que nacemos con ese deseo, lo llevamos en la sangre", recuerda.
A pesar de lo que sentía, eligió dedicarse a la contaduría. Años después, mientras se encontraba en su oficina, entendió que su pasión era enseñar.
“Nacemos con ese deseo, lo llevamos en la sangre”.
Una decisión de la que no se arrepiente
Regresó a las aulas para quedarse. Pasó 10 años colaborando en The Anglo Foundation, otros 10 como coordinadora de Inglés en un colegio privado y en 2013 llegó al Tec.
Bañárez reflexiona que su compromiso con la educación prueba un consejo que les repite constantemente a sus estudiantes.
"Desde entonces he sido muy feliz. He tenido la oportunidad de aprender de mis estudiantes cada día y aconsejarles que hagan lo que les apasiona, porque eso les retribuirá de todas las formas posibles", comenta.
El reto que la llevó a reinventarse
La crisis llegó después de la pandemia. Ella lo describe como el reto más difícil de sus 30 años enseñando. Las y los estudiantes habían cambiado, las dinámicas en clase también y llegó a preguntarse si todavía tenía sentido dedicarse a la docencia.
"Llegué a pensar: '¿qué voy a hacer? Los jóvenes son muy diferentes ahora, tal vez ya estoy muy vieja para dar clases'", admite.
En lugar de alejarse de su pasión, se detuvo y se preguntó si quería seguir siendo profesora. La respuesta fue sí y, desde entonces, sus acciones han sido consecuencia de esa decisión.
Entendiendo a sus estudiantes
Lo primero que hizo fue hablar con sus hijos, ambos estudiantes en ese momento. También leyó las retroalimentaciones de sus alumnas y alumnos para entender qué necesitaban realmente.
"Es muy importante tener clases bien estructuradas, que sientan que están aprendiendo. Además, necesitan saber que alguien se interesa por ellos, no solo como estudiantes, sino también como personas", menciona.
Por otro lado, decidió actualizarse. Tomó una especialidad en Liderazgo e Innovación Educativa, avanzó en su clasificación docente e incorporó herramientas tecnológicas en sus clases.
"El inglés es un medio, no un fin, y las herramientas tecnológicas son exactamente eso: medios para conectar con nuestros estudiantes", justifica.
Preparándose hacia el futuro
Sobre su mención en el Círculo de Profesoras y Profesores Destacados en 2025, Judith Bañárez expresa sentirse agradecida por el reconocimiento.
"Siempre he buscado el reconocimiento de mis estudiantes, que es lo más importante para mí, pero que ese esfuerzo también sea visible es muy gratificante", afirma.
La profesora comenta que seguirá preparándose, no como obligación, sino porque cree que un docente que aprende puede motivar a sus estudiantes a que lo hagan más fácilmente.
"Si no nos preparamos, ¿cómo pedirles a los jóvenes que lo hagan? Hay que dar lo mejor de nosotros todos los días", finaliza.
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